Pedro Luna embarca como grumete en la corveta La Atrevida y se integra en la expedición comandada por Malaspina y Bustamante, fletada personalmente por el rey Carlos III de España a fin de conocer mejor las posesiones españolas en América, Asia y Oceanía. Parten de Cádiz con un numeroso grupo de científicos y dibujantes, recalan en Canarias y luego cruzan el Atlántico hasta la ciudad de Montevideo, la costa de Argentina, la misteriosa ciudad de los césares, en plena Patagonia, y las islas Malvinas. Por el Océano Pacífico, llamado entonces «lago español», navegan hasta Chiloé y la isla de Juan Fernández. Después Valparaíso, El Callao, Guayaquil, Portobelo y Panamá. En Acapulco, Pacífico mexicano, se preparan dos barcos de menor envergadura y calado: una goleta y un bergantín capitaneados por Dionisio Alcalá Galiano que zarpan hacia el norte de la costa americana. Todo ello pensado para navegar mejor en aguas menos profundas, cartografiar e inventariar con precisión la zona. En Santa Cruz de Nuca y el Fuerte San Vicente tratan de potenciar la presencia española -comprometida por rusos e ingleses-, estudiar flora y fauna, seguir trazando mapas y dar con un misterioso paso al norte que uniría, al parecer, el Pacífico al Atlántico. Establecen allí contacto con indios wakash y con el experimentado marino angloholandés Vancouver.
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